"Ella le preguntó por esos días si era verdad, como decían las canciones, que el amor lo podía todo.
Es verdad - le contestó él - pero harías bien en no creerlo"
Una niña descuidada, una mordida de perro, una mezcla exótica entre religiones africanas y un catolicismo colonial, inquisición, posesión demoníaca y una ruptura culpable del celibato. Podría decirse que "Del Amor y Otros Demonios" de García Márquez lo tiene todo.
Comenzando por el principio, Gabriel García Márquez es uno de mis autores favoritos de todos los tiempos. Para empezar, no es tibio. Si uno lee sus obras parece que no existen para él temas tabú. Sus personajes nunca son a medias tintas, sienten, actúan y hablan desde lo más profundo de sus entrañas. Asi es el matrimonio entre Bernarda Cabrera e Ygnacio de Alfaro y Dueñas, marqués de Casalduero, un matrimonio cargado de odio y desprecio mutuo. Así es también la rebeldía de Sierva María de todos los Ángeles, la hija de ambos a quien ambos temen y desprecian. Sierva Maria se cría entre esclavas, habla en lengua yoruba, duerme en los matorrales con los esclavos y más adelante en la historia no duda en atemorizar a todo un convento.
Por supuesto que el realismo mágico que tanto caracteriza la obra del autor también está presente y con esa maestría y ese estilo tan propio que solamente él puede lograr. Solamente él puede relatarnos con tanta naturalidad, en una historia tan verosímil, que un caballo vivió cien años, que una loca enamorada puede ordenarle a un rayo que mate a la novia de su enamorado y hacer que lluevan palomitas de papel desde el cielo, que el pelo de una chica siga creciendo aún después de muerta, y que una adicción por el cacao pueda matar a una mujer noble.
"Del Amor y Otros Demonios" es una obra corta y eso no la hace menos intensa ni menos profunda. La trama principal se puede leer, a mi parecer, desde dos puntos de vista distintos. Un punto de vista superficial, o literal, es decir: A Sierva Maria la muerde un perro y ante la aparición de los síntomas de la rabia, la Iglesia ordena recluirla y exorcizarla; o se puede leer desde el punto de vista simbólico: la fe y la razón
LA FE Y LA RAZÓN
"Los ateos no acertamos a vivir sin los clérigos - dijo Abrenuncio - los pacientes nos encomiendan sus cuerpos, pero no sus almas, y andamos como el diablo, tratando de disputárselas a Dios"
Gabriel Garcia Márquez toca deliberadamente uno de los puntos más clásicos de toda la historia del pensamiento occidental: la relación entre la fe y la razón y, como suele ser habitual, el problema de la contradicción entre una y otra.
Existe un hecho: una niña manifiesta síntomas de una rara enfermedad; y existen dos interpretaciones. Por un lado tenemos a Abrenuncio de Sa Pereira Cao, que es un médico portugués, judío, erudito y que además suele hablar en latín. Abrenuncio representa la medicina tradicional y los ideales de la ilustración: el progreso científico contra lo irracional de la fe y no es casual que se lo defina como un gran sabio para representar el lado racional de la cuestión. (Por otro lado, tampoco es raro ver en García Márquez este tipo de personajes que representan el progreso: tal el caso del gitano Melquíades en Cien Años de Soledad)
"La ciencia no me ha dado los medios para decirle nada más (...) Pero si no cree en mí, le queda todavía un recurso, confíe en Dios."
Por otro lado tenemos a la Iglesia Católica, representada por el obispo Don Toribio Cáceres y Virtudes y por el capellán del hospital Cayetano Delaura (sacerdote), quienes consideran que lo mejor es someter a Sierva María a un exorcismo. El simbolismo aumenta: el obispo detesta a Abrenuncio por considerarlo un hereje y un brujo. Léase, la fe se niega a la razón.
"Digan lo que digan los médicos - dijo - la rabia en los humanos suele ser una de las tantas artimañas del Enemigo"
Desde ya que el tipo de religiosidad que expresan los personajes en esta obra es más cercano a la superstición: por momentos pareciera ser que da lo mismo que a Sierva Maria le hagan un exorcismo católico o que la sometan a los rituales de curación yoruba o de los indios como la vidente Sagunta. La introducción de estos elementos no parece casual. Los esclavos, que fueron quienes criaron a Sierva, la someten a todo tipo de tratamientos que parecen escandalosos y absurdos: varias veces se nos describe como hacen cantos en lengua yoruba, como se desnudan y se untan en aceite y frotan el cuerpo de Sierva Maria, etc. El hecho de que se marquen tanto estos elementos quizás puede sugerir que, en el fondo, los ritos católicos son solamente una forma más sofisticada de superstición. Después de todo, el violento exorcismo de Sierva Maria termina con su vida.
Parece que en este punto, al menos en esta obra, hay una toma de postura muy clara del autor: fe y razón son dos mundos que parecen irreconciliables.
"No podemos intervenir en la rotación de la tierra - dijo Delaura.
Pero podríamos ignorarla para que no nos duela - contestó el obispo - más que fe, lo que a Galileo le faltaba era corazón"
LA PASIÓN Y LA RAZÓN
Ligado al punto anterior, los personajes también enfrentan los conflictos típicos de una vida social conservadora. Creo que los ejemplos más claros en este punto son Bernarda Cabrera y el propio Cayetano Delaura.
Bernarda es una mujer aristocrática, es la mujer de un marqués con el se casó solamente por el que dirán y por conveniencia social. Ygnacio no la ama. Ella tampoco lo ama a él. Harta de la vida de convención social, Bernarda busca cierto consuelo en los placeres. Ella representa la represión. Aparenta ser una mujer de clase alta, y sin embargo mantiene relaciones sexuales con los esclavos, en particular con el esclavo Judas Iscariote quien además la introduce en la adicción al cacao que ella finalmente no puede controlar.
Por otro lado Cayetano Delaura, un cura aparentemente muy apegado a la vida contemplativa por su pasión por la lectura, termina cediendo a los placeres del cuerpo al enamorarse perdidamente de Sierva Maria quien, para aumentar el dramatismo de la situación, es una niña menor de edad.
No me parece que lo que García Márquez busque es el escándalo por la edad de Sierva María. Repetidas veces en sus novelas vemos romances entre mayores y menores de edad (también lo vemos en El Amor en los Tiempos del Cólera) - por lo tanto tampoco creo que se trate de una denuncia al tema de la pedofilia dentro de la Iglesia. La crisis que busca poner de manifiesto el autor es ahora un conflicto entre razón y pasión. Claro está que el tema tampoco es del todo original, lo tenemos ya tematizado en autores tan antiguos como Platón (por ejemplo en La República o en el Fedro), pero la poética de un sacerdote enamorado de una niña poseída por el demonio añade un dramatismo a la situación que parece imposible de superar. ¿Es la razón o la fe lo suficientemente fuerte para frenar el impulso, el vicio, lo "bajo", lo pecaminoso? - otro maravilloso ejemplo de esta pugna es el amor del obispo Claude Frollo por Esmeralda en Nuestra Señora de París de Victor Hugo, del cual hablaremos en otra ocasión.
"Se desnudó el torso, sacó de la gaveta del mesón de trabajo la disciplina de hierro que nunca se había atrevido a tocar, y empezó a flagelarse con un odio insaciable que no había de darle tregua hasta extirpar de sus entrañas hasta el último vestigio de Sierva Maria. El obispo, que había quedado pendiente de él, lo encontró revolcándose en un lodazal de sangre y de lágrimas:
- Es el demonio, padre mío - le dijo Delaura - el más terrible de todos"
Además podemos añadir otros momentos donde parece que lo impulsivo termina imponiéndose sobre los personajes de la novela:
Recordemos que el amor de Dulce Olivia por Ygnacio la lleva a visitar su casa por la noche y limpiarla en secreto y que también los celos la llevan a conjurar un rayo que termina matando a Olalla de Mendoza en uno de los momentos más poéticos e impactantes de toda la novela.
En uno de los pasajes más hermosos y en una demostración de genialidad, García Márquez nos cuenta que Olalla estaba enseñando música a Ygnacio debajo de un árbol cuando de repente un rayo le cae encima y la mata. De pronto, del cielo empiezan a llover palomitas de papel, como las que Ygnacio le mandaba a Dulce Olivia - ya que ella solo podía hablarle desde la terraza del manicomio donde estaba recluída. Ygnacio toma al azar uno de esos papelitos y en él se encuentra una inscripción que decía "Ese rayo era mío" - sugiriendo que fue Olivia quien mató a Olalla de esa manera. Me parece sencillamente maravilloso.
Por otro lado, el miedo irracional que los esclavos y una posible rebelión le genera a Ygnacio terminan haciendo que él se encierre en su habitación, rodeado por sus mastines. En estos casos, pareciera ser que la pasión desmedida e irracional se apodera de la vida de los protagonistas.
***
"Nunca se deja de creer por completo - dijo el marqués - la duda persiste.
Abrenuncio lo entendió. Siempre había pensado que dejar de creer causaba una cicatriz imborrable en el lugar en que estuvo la fe, y que impedía olvidarla"
"Del Amor y Otros Demonios" siempre va a ser para mí una de las obras más bellas de nuestra literatura latinoamericana y seguramente este no va a ser el único post que le dedique en este espacio. Compuse toda una ópera alrededor de ella que espero estrenar pronto. Recomiendo mucho su lectura.
Si leíste este post y también la obra, contame que te pareció
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