viernes, 20 de junio de 2025

"Vuelvo a Mi" - Fermin El Musical

"VUELVO A MÍ"  

(Fermin El Musical)





No se si debe haber algo que sea especial para mí 

Cuenta la historia que un verdadero amor no es así 

Si de antemano ganan los que quieren más de la vida 

Si en eso no hay justicia, todo el resto está bien para mí 


¿Dónde vas dejando todo atrás como siempre? 

Vuelta atrás, cuando no hay vuelta atrás 

Cuando no queda más por decir 


Otra figura que ya no está

Sólo queda el recuerdo 

No volver la vista atrás 

Yo lo sé... 


Pero algo cambia en mí, 

Que siempre me fui suficiente 

Que nunca importó lo que dí

Hoy yo vuelvo, Vuelvo a mi


¿Cómo saber volver si hace tanto tiempo me fui?

¿Como saber que hacer si yo me pierdo y no estoy aquí?

Y luego todo falla porque sos un extraño en tu vida

Y es otra despedida, una más que se agarra de mí


¿Dónde vas dejando todo atrás como siempre? 

Vuelta atrás, ahora no hay vuelta atrás 

Y ya no tengo más donde ir


Pero algo cambia en mí, 

Que nunca me tuve presente, 

Y esta lección la aprendí 

Hoy yo vuelvo, Vuelvo a mi


Pero algo falta en mí,

Que nunca me fui suficiente 

Que siempre pensé que lo fui 

Hoy yo vuelvo

Vuelvo a mí

CAMUS Y LA PREMONICIÓN DEL COVID - LA PESTE

 "La prensa, tan habladora en el asunto de las ratas, no decía nada. Porque las ratas mueren en las calles y los hombres en sus cuartos, y los periódicos solo se ocupan de las calles"

Si uno se abstrae por un momento que está leyendo una novela francesa escrita en 1947, casi que podríamos pensar que Camus escribió una crónica sobre lo que nuestro mundo contemporáneo vivió en épocas del COVID. 

En la ciudad de Orán se desata una terrible plaga por causa de las ratas y quedan sumidos en un profundo aislamiento. En un primer momento, los ciudadanos y las autoridades de Orán no registran la peste. Los medios no hablan, la vida sigue, no hay porqué darle importancia. Siempre estas tragedias parecen lejanas, y siempre parecen ajenas. Los que han vivido pestes fueron los antiguos, en otras épocas. Lo mismo, cree Camus, podría decirse de las guerras. Nosotros, los americanos de este siglo, miramos las guerras en oriente como algo que siempre ocurre, algo a lo que estamos acostumbrados pero esto parece que nos adormece. No podemos, hasta que no ocurre la vivencia concreta, entender el nivel de destrucción y de crueldad que realmente implica todo eso. Quiero compartir un pasaje que me parece hermoso:

Las plagas, en efecto, son una cosa común pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas. El doctor Rieux estaba desprevenido como lo estaban nuestros ciudadanos y por esto hay que comprender sus dudas. Por esto hay que comprender también que se callara, indeciso entre la inquietud y la confianza. Cuando estalla una guerra las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido." Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones.

Pero, a medida que la situación empieza a ser más grave, se vuelve necesario cerrar la ciudad para que la peste no salga. El aislamiento comienza a cambiar la percepción de los habitantes. Una despedida deja de ser un ritual simple y pasa a ser un condicional.

Los telegramas llegaron a ser nuestro único recurso. Seres ligados por la inteligencia, por el corazón o por la carne fueron reducidos a buscar los signos de esta antigua comunión en las mayúsculas de un despacho de diez palabras. Y como las fórmulas que se pueden emplear en un telegrama se agotan pronto, largas vidas en común o dolorosas pasiones se resumieron rápidamente en un intercambio periódico de fórmulas establecidas tales como: "Sigo bien. Cuídate. Cariños."

El aislamiento cambia la percepción de la vida. Los habitantes de Oran empiezan a notar cosas que antes daban por sentadas. Parecen notar, en particular, el presente. Había un antes de la peste a dónde muchos quisieran volver, pero también había quizás un después de la peste a donde muchos quisiera apresurarse. La prisión no es solamente espacial, es también una prisión temporal. Pero, nos insiste Camus, lo que más trastornaba a los ciudadanos no era la cifra de muertos, ni el medio general a la enfermedad. Lo que más los hacía sensibles a su situación era haber abandonado sus lujos o las costumbres de su día a día. Los muertos aumentan, pero la gente no le suma gravedad al asunto. Siguen yendo a los cafés, siguen yendo a los cines, siguen encontrándose en las calles. Después de todo, mientras no me pase a mi ni a mis cercanos, la peste sigue siendo un accidente temporal. 

En la ciudad no solo se encuentran el Dr. Rieux y los habitantes, sino también Raymond Rambert,  un periodista que estaba trabajando en Oran y de pronto se encuentra en medio de la ciudad cerrada y no puede salir. Su amante se encuentra en París y él no puede volver. Además, no conoce a nadie en la ciudad. Está totalmente solo. 

LA REALIDAD DEL MAL Y EL SUFRIMIENTO

Quien más nos interesa en esta primera entrada a esta obra maestra es Rieux. Rieux es un médico, y como tal vive la peste de una manera diferente a los demás. Rambert tiene una conversación con él afuera de un hospital y lo acusa de vivir en una abstracción. ¿cuál es la abstracción? Dictar leyes que sean generales en medio de la crisis, cuando existen tantas circunstancias particulares que nos son imposibles de comprender. Rambert es una sola e insignificante persona y quiere volver a su hogar y volver a ver a su mujer y no puede entender porqué un grupo de gente de pronto decide que no puede. 

Rambert no es tonto. Él puede entender lo que significa la peste, pero solo desde el concepto. Rieux la entiende en su realidad. Es llamativo que Rambert acuse a Rieux de razonar de manera abstracta cuando él es quien se enfrenta en concreto a la peste. Es hermosa la ironía con la que se expresa Camus después, porque Rieux sabe lo que era diagnosticar a alguien: el aislamiento, el miedo, los ruegos de los pacientes. Un apestado tenía que ser recluido y sus seres queridos no sabían si iban a volver a verlo. Para Rambert era abstracto todo lo que era ajeno a su propia felicidad, pero Rieux no podía escaparse de "la abstracción", su vida ahora giraba en torno a la tragedia de la peste. 

Rambert parece no poder entender que existan prohibiciones en medio de la peste. No puede conciliar la idea de que alguien racionalmente y metódicamente tome medidas que lo perjudiquen, como si todo el sacrificio fuera solamente suyo. Pero Rambert descubre que Rieux también tiene a su mejor a cientos de kilómetros de Oran y que tampoco puede verla. Ahí se da cuenta que él tampoco vive en la abstracción y que su sacrificio también es real. 

Pero hay otra tensión todavía mayor: por supuesto la religión. El padre Paneloux da un sermón al respecto de la peste donde intenta entenderla a la luz de las escrituras, según el Antiguo Testamento, como una suerte de castigo de Dios, inspirado en el Amor. Pero la interpretación de Paneloux también es de cierto modo abstracta. No conoce el verdadero sufrimiento. Rieux, que es ateo, sí lo conoce. Rieux no puede conciliar esta idea de un Dios que permita la peste. 

El momento en el que todo parece volverse más real es la muerte de un niño donde tanto Rieux como el padre Paneloux se encuentran presentes. Sobre el final de la escena y tras la larga agonía Rieux no puede evitar confrontar al cura: el niño era inocente. ¿Cuál era su culpa? ¿Dónde está la justicia? ¿Porqué merecía la peste? En un diálogo posterior, Paneloux y Rieux comparten una conversación que comparte cierta similitud con el pensamiento de Dostoyevski: lo absurdo del sufrimiento del inocente

"—Lo comprendo —murmuró Paneloux—, esto subleva porque sobrepasa nuestra medida. Pero es posible que debamos amar lo que no podemos comprender.
Rieux se enderezó de pronto. Miró a Paneloux con toda la fuerza y la pasión de que era capaz y movió la cabeza.
—No, padre —dijo—. Yo tengo otra idea del amor y estoy dispuesto a negarme hasta la muerte a amar esta creación donde los niños son torturados."

Parece que este tipo de acontecimientos no son compatibles con la misericordia y el orden de Dios. Algo cambia en Paneloux en ese momento. Da un segundo sermón: distinto al primero. No puede comprenderse todo cuando se trata de Dios. El mal es un absurdo, pero es un absurdo tan crudo que nos obliga a aceptar incluso el sufrimiento del inocente. Es necesario, dice Paneloux "o creerlo todo o negarlo todo" pero ya no desde la sola razón ni desde las categorías humanas: la peste no es justicia. La peste es la crueldad y es el absurdo.

Hubiera podido decir que la eternidad de delicias que esperaba al niño le compensaría de su sufrimiento, pero, en verdad, no sabía nada. ¿Quién podría afirmar que una eternidad de dicha puede compensar un instante de dolor humano?

La escena de la muerte del niño a causa de la peste, tiene otra función poderosa. Muchos de los personajes se van, porque no la pueden tolerar. Rieux, el ateo, el médico, se queda. Le resulta terriblemente doloroso, pero soporta el sufrimiento, lo vive, lo atraviesa en cada enfermo. También se sacrifica. En Rieux no hay abstracción, la peste es real. 


***

Hace mucho no visitaba las páginas de "La Peste" y me recordó cuanto disfruto enfrentarme a libros que constantemente nos ponen en conflicto con nuestra cotidianeidad y con nuestras creencias. Muchos de los autores que me gustan: Dostoyevski, Victor Hugo, el propio Camus tratan con mucha insistencia el drama del sufrimiento y el de la esperanza del hombre. También el tema del mal. Creo que no se puede tratar de otra manera. Desde la filosofía nos enseñan a pensar que el mal es un concepto privativo, es ausencia. Asi como la oscuridad no es algo que tenga realidad en sí misma, sino que es solamente falta de luz. Algo que no está. Pero la peste era real. 

Seguramente volveremos sobre este libro en algún momento, pero creo que a esta altura ya tenemos mucho para pensar. 


 

miércoles, 11 de junio de 2025

BORGES Y LOS UNIVERSALES - FUNES EL MEMORIOSO

"Diecinueve años habia vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oir, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer perdió el conocimiento, cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y triviales"

En Uruguay, en la ciudad de Fray Bentos, vivía un hombre tan singular que, después de un accidente que lo deja postrado, podía recordarlo todo. 

Lo que a primera vista puede parecer un simpático relato con elementos fantásticos sobre un amigo ficticio de Borges esconde, en realidad, una crítica profunda al empirismo inglés del siglo XVIII (John Locke, George Berkeley, David Hume) y que ha moldeado gran parte del modo en que entendemos nuestros mecanismos de conocimientos.

EL PROBLEMA DE LOS UNIVERSALES

El llamado "problema de los universales" es una de esas controversias tan grandes en la historia del pensamiento que se merece una mención honorífica al lado de otras grandes cuestiones filosóficas como la existencia de Dios, del alma, etc. 

Existe, aparentemente, una paradoja en la forma en la que nosotros entendemos el mundo que nos rodea. Nosotros hablamos con generalidades. No podemos pensar de otra manera. Ubicamos cada cosa que percibimos en categorías. Dividimos, por ejemplo, los animales en especies. ¿Qué es lo que nos autoriza a decir que tanto el chihuahua como el gran danés son, en términos generales, la misma cosa? ¿Porqué podemos afirmar que ambos son perros si individualmente considerados son tan distintos? Pero aún si consideramos dos individuos semejantes (por ejemplo dos chihuahas), seguro difieren en el color, en la edad, en el espacio, etc. etc. 

Pero nosotros no tenemos una capacidad infinita como para reconocer cada diferencia e identificar cada cosa del universo con un nombre propio. Ya lo decía Aristóteles: no existe ciencia ni conocimiento de lo individual. Simplemente no se puede. Siempre le digo a mis alumnos el mismo ejemplo: no existe un médico que solo pueda atenderme a mí porque se especializa en las particularidades de mi cuerpo y no de otro. En la facultad le explican que lo que vale para mí vale, al menos en principio, para todos los hombres que puedan ser sus pacientes. 

Borges, que era un genio con las palabras, lo dice de una manera fenomenal: pensar es olvidar diferencias. Ahora bien, Funes no puede olvidarlas. Cada detalle de la realidad se le hace tan manifiestamente distinto de los otros que no puede conceptualizar. No puede usar el mismo nombre para cosas que le son tan manifiestamente distintas. Funes, sospecha Borges, ni siquiera puede pensar.

"Había aprendido sin esfuerzos el inglés, el francés, el portugués y el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias. Es generalizar, es abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos"

LOS EMPIRISTAS

Borges, que tematiza muchas veces los problemas filosóficos en sus cuentos, se imagina cómo sería una persona cuya inteligencia funcione exactamente al modo como lo conciben los empiristas. Para ellos, el universal, ese concepto general que usamos para referirnos a muchos individuos no es algo real. No es más que una palabra que usamos para poder hablar en general de las cosas. Asi, la especie "perro" como tal no existe. Lo que existen son perros individuales, cada uno infinitamente distinto del otro, a los que les imponemos la misma palabra porque no somos capaces de distinguirlos lo suficiente. 

Pero he aquí el tema, para un empirista, todo lo que podemos saber de una cosa proviene exclusivamente de los sentidos. Los sentidos no perciben la especie. Perciben sonidos, colores, temperaturas, texturas, olores, sabores, etc. Para un empirista no hay nada espiritual en la inteligencia, que pueda llegar a conocer la esencia de una cosa. Solo hay sensación, memoria sensible. Por eso Funes recuerda, pero no piensa. Funes recuerda cada detalle, lo recuerda con tanta nitidez que hasta el lenguaje le parece absurdo 

"Este, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le costaba entender que el símbolo genérico "perro" abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y de diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)"

A Funes también le parece absurdo el lenguaje. Es demasiado general para una persona que recuerda hasta las formas de cada nube que vio a lo largo de su vida y que es capaz de reconstruir un día entero en su memoria (aunque le tome un día entero hacerlo)

Para el empirismo, que critica Borges, la inteligencia no es más que memoria. Pero nuestro autor sale al cruce a mostrar lo curioso de una inteligencia concebida de esa manera. 

***

Durante su visita a Ireneo Funes, Borges sabe que cada cosa que diga va a quedar para siempre en su memoria. Le hace una cortesía, casi por piedad, trata de no gesticular más que lo suficiente, para no cargar de más la memoria de su amigo. 


 

martes, 10 de junio de 2025

LA VOCACION DE NO SER UNO MÁS DEL MONTÓN - CRIMEN Y CASTIGO

 "¿Para qué vivir? ¿Con qué objeto? ¿Con qué fin? ¿Vivir para existir? En todo momento había estado pronto a dar su existencia por una idea, por una esperanza, por un capricho. Había hecho siempre poco caso de la existencia pura y sencilla; siempre había mirado más allá. Quizás la fuerza solo de los deseos le había hecho creer en otro tiempo que era uno de esos hombres a quienes les está permitido más que otros"

Raslkolnikov fue un universitario pobre. No terminó sus estudios pero era inteligente. No era tampoco, como bien lo manifestaba su familia y los hechos de su historia, una persona mala. Sin embargo, un día tomó una decisión con toda la premeditación de la que era capaz. Un día escondió un hacha bajo su abrigo, llamó a una puerta y asesinó a sangre fría a una vieja usurera. Él, que era bueno e instruído, había matado a una vieja que no valía ni la mitad. No por accidente, no por una emoción violenta, no por malicia, sino solamente porque quería probar un punto: que él estaba habilitado para hacerlo.

OTRA VEZ LA CULPA

Hoy toca ocuparme de otra gran mente de nuestra literatura. Si los personajes de García Márquez, dije anteriormente, son explosivos y sanguíneos; los de Dostoyevsky (o Dostoievski) son como si fueran un agujero negro de profundidad. Resulta fascinante, y muchas veces una tarea un poco aterradora, ver hasta que punto Dostoievski nos puede perder en la psicología de los actores de sus historias y en sus conflictos internos. 

"Crimen y Castigo" es uno de esos experimentos psicológicos - en el sentido más filosófico de la palabra - más profundos de nuestro autor. Digo que es filosóficamente psicológico porque no solo entramos la emocionalidad de Raskolnikov, sino que entramos incluso hasta la médula de su razonamiento. Vemos su alma en su integralidad, con todas sus potencias operando a la vez: su inteligencia, su voluntad y sus sentidos; y también su libertad. 

Es impresionante leer como poco a poco se construye la culpa. La paranoia, la fiebre, los divagues, el aislamiento, las ganas irrefenables de confesar e incluso la posibilidad del suicidio.

"Tenía el corazón vacío: no quería pensar, ni siquiera sentía angustia. Una completa apatía había sucedido a la energía que experimentara cuando salió de casa resuelto a acabar con todo"

No es una novela de misterio. Sabemos desde el principio quien mató a la vieja y cómo y porqué. Tampoco es un juego del gato y el ratón. No hay nadie persiguiendo a Raskolnikov, salvo tal vez el juez de instrucción Porfiri Petrovich, pero esto es en todo caso secundario porque no tiene pruebas materiales en su contra. Aún más, en el momento más cabal de su acusación, cuando parece que por fin va a sacarle una confesión, aparece otro de los sospechosos del crimen, un pintor, que confiesa haber matado a la vieja. Raskolnikov queda, de alguna manera, liberado. 

¿Pero queda liberado? A él no lo persigue una justicia exterior, sino su propia justicia interior. Porfiri lo sabe. Usa constantemente tácticas psicológicas contra Raskolnikov. No lo detiene, lo deja libre. No necesita instituciones para demostrar exteriormente un hecho, necesita la confesión y eso necesita cocinarse a fuego lento. 

Este último punto Dostoievski lo lleva adelante en una escena cargada de una tensión que no creí que fuera posible en una novela escrita y que me impactó poderosamente (él tiene esa habilidad, para mí, de plantear escenarios tan complejos que hacen que uno sienta cada palabra con una emoción y si yo tuviera que describir este momento, quizás diría que me generó ansiedad)

"Si yo hago detener a ese señor antes del momento oportuno, estando bien convencido de que es él, me privo de los medios ulteriores de establecer su culpabilidad. ¿Y por qué? Pueso porque le doy, en cierto modo, una situación definida; al ponerlo en la cárcel lo tranquilizo (...) Si por el contrario lo dejo perfectamente tranquilo al presunto culpable, si no lo detengo y si no lo inquieto, pero a todas horas está preocupado de que lo sé todo, de que no lo pierdo de vista ni de día ni de noche, de que es objeto por mi parte de una infatigable vigilancia ¿qué es lo que sucederá?"

Porfiri tiene razón. Raskolnikov no encuentra consuelo. Vive atormentado. Su única via es el amor de Sonia, una prostituta a quien le confiesa el crimen y de quien está genuinamente enamorado.  

LOS HOMBRES EXTRAORDINARIOS Y EL DERECHO A MATAR

El crimen de Raskolnikov no fue casual ni fue producto de un villano y esto es lo que lo hace tan paradójico. Raskolnikov mata por una idea, por un principio. Se menciona, cerca de la mitad de la novela, que cuando era estudiante nuestro protagonista había escrito un artículo donde distinguía dos clases de hombres: los hombres comunes, que son quienes deben seguir las normas de la sociedad, y los hombres extraordinarios que son aquellos que tienen una finalidad superior. Son aquellos que tienen la potestad de forjar las leyes y, por así decirlo, el espíritu de una época. En el cumplimiento de su rol tan importante con la humanidad, ellos no están limitados por las leyes de una sociedad. Están por encima de ello y así se ganan, entre otras cosas, el derecho a matar.

El tema es recurrente en Dostoievski. ¿Qué pasa en un mundo que abraza el nihilismo? Es decir, si no hay valores dados y absolutos - Raskolnikov no cree en Dios - ¿de dónde vienen los que tenemos?. ¿Son productos de hombres tan podersosos que, de alguna manera, moldean todo un período de la historia? Raslkonikov no deja de admirar a Napoleón.

En fin, el solo hecho de plantearme este problema: ¿hubiera Napoleón matado a esa vieja? basta para demostrarme que yo no era un Napoleón.

 La figura de Napoleón no es casual. Los que nos gusta la filosofía sabemos que Hegel consideraba que se daban en la historia ciertas personas que encarnaban de alguna manera el espíritu de superación de una época y llevaban a los pueblos hacia una mayor afirmación de la libertad. Napoleón y los ideales de la Ilustración Francesa era uno de sus ejemplos. En la filosofía hegeliana, estas personas debían necesariamente de desempeñar este papel, así lo exige el desarrollo de la vida de Dios. 

Pareciera ser que Dostoievski acá pregunta, ¿a qué costo?. ¿qué precio debería pagar un hombre de esas características? ¿realmente está habilitado a todo? Raskolnikov cree que la prueba más grande de que él no es uno de esos hombres extraordinarios se encuentra en su remordimiento. El solo hecho de dudar de la moralidad de su acción lo hace darse cuenta que él también está bajo un mundo de valores que él no crea: donde matar a una vieja, sea lo que sea, es y siempre va a ser un crimen. 

Por otro lado, uno tampoco puede evitar pensar en el Zaratustra de Nietzsche. Zaratustra es el hombre que viene después de la muerte de Dios y viene justamente a trasmutar todos los valores. La moral no está escrita en piedra, la escriben los hombres que afirman su voluntad de vivir y así aplastan a los débiles - como al cristianismo - que trae una moral servil, una moral de esclavos. 

Me sorprendió mucho saber que Dostoievski no conocía a Nietzsche y que Nietzsche lo había leído tardíamente. En muchos momentos realmente parece que están dialogando. El hombre extraordinario de Dostoievski es para mí sin duda un superhombre Nieztscheano. 

LA CAUSA DEL MAL Y  SU RENDENCIÓN. LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

"Pero tu dime, supongamos que un hombre de cuarenta años abusa sexualmente de una niña de diez años. ¿Qué es lo que lo ha llevado a hacer eso?"

Es claro que a nuestro autor le preocupa el tema del mal. Lo tematiza hasta extremos que a veces resultan hasta incómodos de leer aún para alguien de nuestra época. Raslkonikov tiene conciencia moral. Esto lo atormenta y esto se evidencia en la fascinación que siente por Sonia y por su apego a los evangelios. La noche antes de entregarse, le pregunta si ella cree en la resurrección de Lázaro y le pide que le lea ese pasaje. 

Creo que Dostoievski a través de sus personajes juzga una y otra vez a Dios. Le reprocha todo el tiempo el hecho de que se permitan todo tipo de atrocidades. Iván Karamazov le reprocha su religiosidad a su hermano Aliosha. Le dice que no la acepta. No puede aceptar un cielo donde todo sea perdonado y una madre pueda abrazar al abusador de su hija. Sencillamente ese es un paraíso en el que no quiere vivir. Aliosha no puede contestar desde lo racional. 

Sobre el final de esta novela, Raslkonikov tiene una intuición y una experiencia de la misma clase. Esto ocurre por un personaje profundamente macabro dentro de la obra: Svidrigailov. Raslkonikov siente, sobre el final, una fascinación casi morbosa por él. No se confirma nunca, pero lo más probable es que Svidrigailov haya sido el asesino de su esposa, para casarse con Dunia, la hermana de Raslkonikov. 

Svidrigailov representa la falta absoluta de remordimiento. Golpeaba a sus sirvientes, abusaba de las mujeres, y recibía visitas de los fantasmas de todas aquellas personas que estaba sospechado de asesinar. No le importaba. Se reía de la situación. Eran todas situaciones anecdóticas. Sobre el final de la obra, se da una de las escenas más perturbadoras. Una conversación entre ambos, donde Svidrigailov, quien está comprometido con una niña de dieciséis años que conoció en un burdel y a cuya madre sobornó con dinero, le cuenta en tono de risa a Raskolnikov como tuvo la oportunidad de abusar sexualmente de una niña de 9 años que se encontraba indefensa y refugiándose de una tormenta. Todo en la descripción es sencillamente macabro. La pregunta es nuevamente ¿es posible una vida con tanto nihilismo? ¿se puede vivir al márgen de toda moralidad? ¿ese es el hombre extraordinario que buscaba ser Raskolnikov? 


***

Hay mucho para conversar con Dostoievski. Este es solamente un pequeño bosquejo de los problemas que este autor constantemente nos plantea al enfrentarnos con las contradicciones de nuestra propia existencia y yo creo que lo logra con una maestría y una audacia que le son muy propias. No existen límites a los que no esté dispuesto llevarnos para enfrentarnos con lo más maravilloso, pero también con lo más terrible de nosotros mismos.

Si leiste Crimen y Castigo y te gustó, me encaría leer tu opinión.



lunes, 9 de junio de 2025

EL DIABLO ENAMORADO -- DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS

"Ella le preguntó por esos días si era verdad, como decían las canciones, que el amor lo podía todo. 

Es verdad - le contestó él - pero harías bien en no creerlo"

Una niña descuidada, una mordida de perro, una mezcla exótica entre religiones africanas y un catolicismo colonial, inquisición, posesión demoníaca y una ruptura culpable del celibato. Podría decirse que "Del Amor y Otros Demonios" de García Márquez lo tiene todo. 

Comenzando por el principio, Gabriel García Márquez es uno de mis autores favoritos de todos los tiempos. Para empezar, no es tibio. Si uno lee sus obras parece que no existen para él temas tabú. Sus personajes nunca son a medias tintas, sienten, actúan y hablan desde lo más profundo de sus entrañas. Asi es el matrimonio entre Bernarda Cabrera e Ygnacio de Alfaro y Dueñas, marqués de Casalduero, un matrimonio cargado de odio y desprecio mutuo. Así es también la rebeldía de Sierva María de todos los Ángeles, la hija de ambos a quien ambos temen y desprecian. Sierva Maria se cría entre esclavas, habla en lengua yoruba, duerme en los matorrales con los esclavos y más adelante en la historia no duda en atemorizar a todo un convento. 

Por supuesto que el realismo mágico que tanto caracteriza la obra del autor también está presente y con esa maestría y ese estilo tan propio que solamente él puede lograr. Solamente él puede relatarnos con tanta naturalidad, en una historia tan verosímil, que un caballo vivió cien años, que una loca enamorada puede ordenarle a un rayo que mate a la novia de su enamorado y hacer que lluevan palomitas de papel desde el cielo, que el pelo de una chica siga creciendo aún después de muerta, y que una adicción por el cacao pueda matar a una mujer noble. 

"Del Amor y Otros Demonios" es una obra corta y eso no la hace menos intensa ni menos profunda. La trama principal se puede leer, a mi parecer, desde dos puntos de vista distintos. Un punto de vista superficial, o literal, es decir: A Sierva Maria la muerde un perro y ante la aparición de los síntomas de la rabia, la Iglesia ordena recluirla y exorcizarla; o se puede leer desde el punto de vista simbólico: la fe y la razón

LA FE Y LA RAZÓN

"Los ateos no acertamos a vivir sin los clérigos - dijo Abrenuncio - los pacientes nos encomiendan sus cuerpos, pero no sus almas, y andamos como el diablo, tratando de disputárselas a Dios"

Gabriel Garcia Márquez toca deliberadamente uno de los puntos más clásicos de toda la historia del pensamiento occidental: la relación entre la fe y la razón y, como suele ser habitual, el problema de la contradicción entre una y otra. 

Existe un hecho: una niña manifiesta síntomas de una rara enfermedad; y existen dos interpretaciones. Por un lado tenemos a Abrenuncio de Sa Pereira Cao, que es un médico portugués, judío, erudito y que además suele hablar en latín. Abrenuncio representa la medicina tradicional y los ideales de la ilustración: el progreso científico contra lo irracional de la fe y no es casual que se lo defina como un gran sabio para representar el lado racional de la cuestión.  (Por otro lado, tampoco es raro ver en García Márquez este tipo de personajes que representan el progreso: tal el caso del gitano Melquíades en Cien Años de Soledad)

"La ciencia no me ha dado los medios para decirle nada más (...) Pero si no cree en mí, le queda todavía un recurso, confíe en Dios." 

Por otro lado tenemos a la Iglesia Católica, representada por el obispo Don Toribio Cáceres y Virtudes y por el capellán del hospital Cayetano Delaura (sacerdote), quienes consideran que lo mejor es someter a Sierva María a un exorcismo. El simbolismo aumenta: el obispo detesta a Abrenuncio por considerarlo un hereje y un brujo. Léase, la fe se niega a la razón. 

"Digan lo que digan los médicos - dijo - la rabia en los humanos suele ser una de las tantas artimañas del Enemigo"

Desde ya que el tipo de religiosidad que expresan los personajes en esta obra es más cercano a la superstición: por momentos pareciera ser que da lo mismo que a Sierva Maria le hagan un exorcismo católico o que la sometan a los rituales de curación yoruba o de los indios como la vidente Sagunta. La introducción de estos elementos no parece casual. Los esclavos, que fueron quienes criaron a Sierva, la someten a todo tipo de tratamientos que parecen escandalosos y absurdos: varias veces se nos describe como hacen cantos en lengua yoruba, como se desnudan y se untan en aceite y frotan el cuerpo de Sierva Maria, etc. El hecho de que se marquen tanto estos elementos quizás puede sugerir que, en el fondo, los ritos católicos son solamente una forma más sofisticada de superstición. Después de todo, el violento exorcismo de Sierva Maria termina con su vida. 

Parece que en este punto, al menos en esta obra, hay una toma de postura muy clara del autor: fe y razón son dos mundos que parecen irreconciliables. 

"No podemos intervenir en la rotación de la tierra - dijo Delaura.

Pero podríamos ignorarla para que no nos duela - contestó el obispo - más que fe, lo que a Galileo le faltaba era corazón"


LA PASIÓN Y LA RAZÓN

Ligado al punto anterior, los personajes también enfrentan los conflictos típicos de una vida social conservadora. Creo que los ejemplos más claros en este punto son Bernarda Cabrera y el propio Cayetano Delaura.

Bernarda es una mujer aristocrática, es la mujer de un marqués con el se casó solamente por el que dirán y por conveniencia social. Ygnacio no la ama. Ella tampoco lo ama a él. Harta de la vida de convención social, Bernarda busca cierto consuelo en los placeres. Ella representa la represión. Aparenta ser una mujer de clase alta, y sin embargo mantiene relaciones sexuales con los esclavos, en particular con el esclavo Judas Iscariote quien además la introduce en la adicción al cacao que ella finalmente no puede controlar. 

Por otro lado Cayetano Delaura, un cura aparentemente muy apegado a la vida contemplativa por su pasión por la lectura, termina cediendo a los placeres del cuerpo al enamorarse perdidamente de Sierva Maria quien, para aumentar el dramatismo de la situación, es una niña menor de edad. 

No me parece que lo que García Márquez busque es el escándalo por la edad de Sierva María. Repetidas veces en sus novelas vemos romances entre mayores y menores de edad (también lo vemos en El Amor en los Tiempos del Cólera) - por lo tanto tampoco creo que se trate de una denuncia al tema de la pedofilia dentro de la Iglesia. La crisis que busca poner de manifiesto el autor es ahora un conflicto entre razón y pasión. Claro está que el tema tampoco es del todo original, lo tenemos ya tematizado en autores tan antiguos como Platón (por ejemplo en La República o en el Fedro), pero la poética de un sacerdote enamorado de una niña poseída por el demonio añade un dramatismo a la situación que parece imposible de superar. ¿Es la razón o la fe lo suficientemente fuerte para frenar el impulso, el vicio, lo "bajo", lo pecaminoso? - otro maravilloso ejemplo de esta pugna es el amor del obispo Claude Frollo por Esmeralda en Nuestra Señora de París de Victor Hugo, del cual hablaremos en otra ocasión.

"Se desnudó el torso, sacó de la gaveta del mesón de trabajo la disciplina de hierro que nunca se había atrevido a tocar, y empezó a flagelarse con un odio insaciable que no había de darle tregua hasta extirpar de sus entrañas hasta el último vestigio de Sierva Maria. El obispo, que había quedado pendiente de él, lo encontró revolcándose en un lodazal de sangre y de lágrimas:

           - Es el demonio, padre mío - le dijo Delaura - el más terrible de todos"

Además podemos añadir otros momentos donde parece que lo impulsivo termina imponiéndose sobre los personajes de la novela:

Recordemos que el amor de Dulce Olivia por Ygnacio la lleva a visitar su casa por la noche y limpiarla en secreto y que también los celos la llevan a conjurar un rayo que termina matando a Olalla de Mendoza en uno de los momentos más poéticos e impactantes de toda la novela. 

En uno de los pasajes más hermosos y en una demostración de genialidad, García Márquez nos cuenta que Olalla estaba enseñando música a Ygnacio debajo de un árbol cuando de repente un rayo le cae encima y la mata. De pronto, del cielo empiezan a llover palomitas de papel, como las que Ygnacio le mandaba a Dulce Olivia - ya que ella solo podía hablarle desde la terraza del manicomio donde estaba recluída. Ygnacio toma al azar uno de esos papelitos y en él se encuentra una inscripción que decía "Ese rayo era mío" - sugiriendo que fue Olivia quien mató a Olalla de esa manera. Me parece sencillamente maravilloso.

Por otro lado, el miedo irracional que los esclavos y una posible rebelión le genera a Ygnacio terminan haciendo que él se encierre en su habitación, rodeado por sus mastines. En estos casos, pareciera ser que la pasión desmedida e irracional se apodera de la vida de los protagonistas. 

***

"Nunca se deja de creer por completo - dijo el marqués - la duda persiste.

Abrenuncio lo entendió. Siempre había pensado que dejar de creer causaba una cicatriz imborrable en el lugar en que estuvo la fe, y que impedía olvidarla"

"Del Amor y Otros Demonios" siempre va a ser para mí una de las obras más bellas de nuestra literatura latinoamericana y seguramente este no va a ser el único post que le dedique en este espacio. Compuse toda una ópera alrededor de ella que espero estrenar pronto. Recomiendo mucho su lectura.  

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