"Diecinueve años habia vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oir, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer perdió el conocimiento, cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y triviales"
En Uruguay, en la ciudad de Fray Bentos, vivía un hombre tan singular que, después de un accidente que lo deja postrado, podía recordarlo todo.
Lo que a primera vista puede parecer un simpático relato con elementos fantásticos sobre un amigo ficticio de Borges esconde, en realidad, una crítica profunda al empirismo inglés del siglo XVIII (John Locke, George Berkeley, David Hume) y que ha moldeado gran parte del modo en que entendemos nuestros mecanismos de conocimientos.
EL PROBLEMA DE LOS UNIVERSALES
El llamado "problema de los universales" es una de esas controversias tan grandes en la historia del pensamiento que se merece una mención honorífica al lado de otras grandes cuestiones filosóficas como la existencia de Dios, del alma, etc.
Existe, aparentemente, una paradoja en la forma en la que nosotros entendemos el mundo que nos rodea. Nosotros hablamos con generalidades. No podemos pensar de otra manera. Ubicamos cada cosa que percibimos en categorías. Dividimos, por ejemplo, los animales en especies. ¿Qué es lo que nos autoriza a decir que tanto el chihuahua como el gran danés son, en términos generales, la misma cosa? ¿Porqué podemos afirmar que ambos son perros si individualmente considerados son tan distintos? Pero aún si consideramos dos individuos semejantes (por ejemplo dos chihuahas), seguro difieren en el color, en la edad, en el espacio, etc. etc.
Pero nosotros no tenemos una capacidad infinita como para reconocer cada diferencia e identificar cada cosa del universo con un nombre propio. Ya lo decía Aristóteles: no existe ciencia ni conocimiento de lo individual. Simplemente no se puede. Siempre le digo a mis alumnos el mismo ejemplo: no existe un médico que solo pueda atenderme a mí porque se especializa en las particularidades de mi cuerpo y no de otro. En la facultad le explican que lo que vale para mí vale, al menos en principio, para todos los hombres que puedan ser sus pacientes.
Borges, que era un genio con las palabras, lo dice de una manera fenomenal: pensar es olvidar diferencias. Ahora bien, Funes no puede olvidarlas. Cada detalle de la realidad se le hace tan manifiestamente distinto de los otros que no puede conceptualizar. No puede usar el mismo nombre para cosas que le son tan manifiestamente distintas. Funes, sospecha Borges, ni siquiera puede pensar.
"Había aprendido sin esfuerzos el inglés, el francés, el portugués y el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias. Es generalizar, es abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos"
LOS EMPIRISTAS
Borges, que tematiza muchas veces los problemas filosóficos en sus cuentos, se imagina cómo sería una persona cuya inteligencia funcione exactamente al modo como lo conciben los empiristas. Para ellos, el universal, ese concepto general que usamos para referirnos a muchos individuos no es algo real. No es más que una palabra que usamos para poder hablar en general de las cosas. Asi, la especie "perro" como tal no existe. Lo que existen son perros individuales, cada uno infinitamente distinto del otro, a los que les imponemos la misma palabra porque no somos capaces de distinguirlos lo suficiente.
Pero he aquí el tema, para un empirista, todo lo que podemos saber de una cosa proviene exclusivamente de los sentidos. Los sentidos no perciben la especie. Perciben sonidos, colores, temperaturas, texturas, olores, sabores, etc. Para un empirista no hay nada espiritual en la inteligencia, que pueda llegar a conocer la esencia de una cosa. Solo hay sensación, memoria sensible. Por eso Funes recuerda, pero no piensa. Funes recuerda cada detalle, lo recuerda con tanta nitidez que hasta el lenguaje le parece absurdo
"Este, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le costaba entender que el símbolo genérico "perro" abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y de diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)"
A Funes también le parece absurdo el lenguaje. Es demasiado general para una persona que recuerda hasta las formas de cada nube que vio a lo largo de su vida y que es capaz de reconstruir un día entero en su memoria (aunque le tome un día entero hacerlo)
Para el empirismo, que critica Borges, la inteligencia no es más que memoria. Pero nuestro autor sale al cruce a mostrar lo curioso de una inteligencia concebida de esa manera.
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Durante su visita a Ireneo Funes, Borges sabe que cada cosa que diga va a quedar para siempre en su memoria. Le hace una cortesía, casi por piedad, trata de no gesticular más que lo suficiente, para no cargar de más la memoria de su amigo.
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